Los seres humanos somos animales mamíferos que pertenecemos al grupo de los primates. Pero somos unos animales un poco especiales porque nuestros bebés nacen prematuramente. Esto significa que nacemos antes de que todos nuestros sistemas estén terminados, si nos comparamos con otros animales de nuestro mismo grupo, con los primates. Si nos comparamos con ellos que tienen un tamaño similar al nuestro, la gestación de nuestros bebés dura menos de lo que debería, y también si nos comparamos con animales de tamaño y peso similar al nuestro. Nuestros bebés nacen con el sistema nervioso inmaduro, sin terminar su proceso de desarrollo.

Actualmente, existen dos teorías que explican este parto prematuro del ser humano, el dilema obstétrico y el colapso metabólico. Realmente, en nuestro día a día nos da igual el motivo de por qué se de este parto prematuro, el caso es que es una realidad que nuestros bebés nacen con el sistema nervioso inmaduro.

Debido a que son seres que nacen con un desarrollo del cerebro incompleto, hace que los recién nacidos sean seres totalmente dependientes, no saben andar, necesitan de sus figuras de apego para cubrir sus necesidades básicas y todavía no tienen desarrollado el lenguaje para poder comunicarlas.

Tal y como comenta la psicoterapeuta y psicoanalista de Oxford Sue Gerhardt  en una entrevista realizada en Redes, un programa de televisión de divulgación científica dirigido por Eduard Punset en RTVE.es, el cuidado de los niños no es una ciencia exacta, depende de cada niño y de lo que cada niño pueda tolerar. Lo importante es que el bebé no se estrese demasiado. Si no lo hace, sea cual sea la manera en la que sus padres le cuiden, le irá bien. El problema es que si este proceso persiste durante mucho tiempo o se cronifica durante semanas o meses puede tener efectos muy perjudiciales, especialmente para los bebés. Los bebés no pueden gestionar un estrés excesivo, no pueden deshacerse de su propio cortisol. Como adultos, nosotros si podemos, hemos descubierto diferentes maneras de gestionar el estrés: llamamos a un amigo, nos vamos a tomar algo, tomamos un baño caliente, etc…  Tenemos varias maneras de calmarnos, pero los bebés no. Dependen de los adultos para eso y a los bebés les resultan estresantes cosas relativamente pequeñas. Por ejemplo, para un bebé, estar lejos de su cuidador durante demasiado tiempo es muy estresante, porque le va en ello la supervivencia, un bebé no sabe si sobrevivirá o no, necesita a alguien que le cuide.

Lo que necesita un bebé es una atención personalizada, los cuidados y la receptividad de alguien que los conozca perfectamente y que pueda entenderlos y regularlos bien. En su libro “Por qué importa el amor”, indica que para que un ser humano sea realmente independiente debe haber sido primero un bebé dependiente.

¿Parece una desventaja frente a nuestros semejantes de nuestra misma especie, verdad?

Ahora,  ¿cómo te sentirías tú antes esta situación? Para poder reflexionar un poco sobre el tema, propongo realizar la siguiente visualización:

“Viajas a un país del extranjero del cual no hablas el idioma. De repente, tienes un accidente, y quedas totalmente invalidado de esta forma: sin poder andar, sin control ninguno de tus esfínteres, dependiendo de un cuidador que te proporcione el alimento y la bebida y sin poder comunicarte, ya que no hablas el idioma ni nadie habla el tuyo… De repente, te sientes incómodo, porque sientes algo húmedo en el pantalón…y  necesitas que te cambien, ya no aguantas más esa sensación. Intentas expresarlo con tus palabras, pero nadie sabe lo que dices…  Al cabo de las horas, sientes un tremendo agujero en el estómago… ¡tienes hambre! Intentas orientar tu boca hacia una fuente de agua cercana para engañar al estómago, pero no llegas. Intentas expresarlo con palabras, necesitas que te ayuden! Pero es inútil…  sientes como la impotencia y la desesperación van en aumento. A última hora del día, intentas conciliar el sueño. Pero resulta que en hospital  el paciente de al lado tiene la televisión tan alta que te resulta imposible hacerlo. Pasan las horas y no pegas ojo…  la situación se vuelve insostenible! Intentas expresarlo, pero no te entienden… de puro cansancio, y ya exhausto, consigues dormir algo, pero con una sensación muy mala y sintiéndote muy frustrado.”

Si, se lo que estás pensando… recurrirías a los gestos para hacer que te entiendan, ¿verdad?

Ubicándonos ya en la realidad (saliéndonos de la visualización), nuestros bebés viven diariamente situaciones similares… Es por ello que si dotamos a nuestros bebés de una herramienta basada en gestos sencillos e intuitivos y adaptados al desarrollo de su motricidad, todo este tipo de frustraciones desaparecerían!

Nosotros los adultos somos capaces de llegar a razonar de esta manera: “si no me entienden mediante el leguaje, recurro a los gestos!” Es sencillo, verdad?

Y de hecho, un bebé también lo realiza… nos levanta los bracitos cuando quiere que le levantemos, gira la boca cuando tiene hambre (el reflejo de succión), nos sonríe si algo le agrada… Desde luego, realmente nacen con el deseo de comunicarse (recuerda la visualización de antes, ¿tú no tendrías el mismo deseo?)  y más si nos detenemos a observarles. Y es que realizar gestos es algo innato en el ser humano.

Nuestros bebés intentan comunicarse como pueden, pero hay muchos conceptos que no son capaces de expresar, a no ser que se los enseñemos.

Y resulta que debido a que su cerebro está en pleno proceso evolutivo creando conexiones neuronales, son capaces de asimilar y de aprender las cosas como nunca en su vida podrán hacerlo. ¡Vaya, parecía que este nacimiento prematuro del ser humano era una desventaja! Pues como ves, no lo es.

La psicoterapeuta y psicoanalista Sue Gerhardt , anteriormente mencionada,  nos  indica que los primeros años de vida son un periodo concentrado en el que el cerebro establece conexiones a la mayor velocidad de crecimiento que jamás alcanzará. Dobla su tamaño, todos los sistemas son más susceptibles a influencias mientras se están desarrollando y su principal desarrollo acaece en ese periodo.

Por tanto, si juntamos esta necesidad real de comunicarse con el hecho de que, como coloquialmente se dice, “los niños son esponjas”… Tenemos una estupenda combinación que capacita perfectamente a los bebés para aprender la fantástica herramienta de Baby Sign Languaje (signos para bebés).

¿Quién soy?

Soy Nerea García, fundadora de Proekin, en pro del equilibrio interior (www.proekin.com).

Programadora informática de profesión, futura mamá de mi bebé Ion, al cual llevo en el vientre, y apasionada de todo lo relacionado con el mundo de las emociones y del equilibrio interior.

Con el instinto maternal  a flor de piel, surge mi interés por todo aquello que me ayude a educar a mi bebé desde la inteligencia emocional, con el objetivo de que se convierta en un adulto emocionalmente sano y equilibrado, sabiendo identificar lo qué es bueno para él… y así, adentrándome en el mundo de la educación respetuosa, es como descubro la maravillosa herramienta de Baby Sign (signos para bebés).

¿Cómo dejar pasar la oportunidad de aprender una herramienta que me ayude a conectar con mi bebé desde los primeros meses de vida? Sin dudarlo, me puse manos a la obra, lo que me condujo hasta aquí… a difundir y enseñar los signos para bebés a otras familias para que también tengan la oportunidad de afianzar el vínculo con ellos, ya desde pequeñitos, entre otras de sus muchísimas ventajas.

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